Homilía IV Domingo de Cuaresma - Ciclo A
- hace 5 días
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“Fue, se lavó y volvió con vista”

Queridos hermanos, con frecuencia se realiza en nuestras parroquias los llamados retiros espirituales, distintos movimientos y grupos apostólicos
acostumbran hacer estas experiencias y una de las cosas que quizás impacta es los testimonios de las personas al finalizar estas experiencias,
verdaderos cambios, transformaciones.
Y muchos de ellos se encaminan en estas expresiones, "de verdad que Dios me ha abierto los ojos en estos días, en este encuentro con con, el Señor me ha hecho ver las cosas de manera diferente", "me ha dejado ver que tan equivocado estaba yo en muchas cosas de mi vida". Hoy, en este domingo cuarto de cuaresma, el Señor nos narra este hermoso pasaje de la curación de un ciego de nacimiento en el tiempo cuaresmal, este pasaje simboliza el paso de la ceguera espiritual a la luz de la fe mediante el bautismo.
Jesús utiliza lodo recordando la creación para sanar a aquel hombre, invitando a reconocer también esta propia ceguera y convertirse viendo con los ojos de Dios, es un llamado a creer en Jesús como enviado y a superar el miedo, el temor para acercarnos a el. Jesús, en principio, niega que la ceguera de aquel hombre sea por algún pecado.
Al usar el barro, la saliva evoca precisamente la creación del hombre,
demostrando que el es el creador que restaura la vida, la misma piscina donde es enviado a lavarse, Siloé significa enviado, el ciego debe ir alabarse, simbolizando el bautismo como el sacramento de iluminación que quita las tinieblas. Primero llama a Jesús el hombre, luego profeta y finalmente desemboca diciendo Señor, postrandose ante el en adoración.
La Cuaresma nos invita para admitir que no vemos claramente, que debemos de pedir al Señor que quite esa ceguera, esa ceguera a la injusticia, a la necesidad del prójimo, a los gritos que hacen otras personas para que yo pueda ver sus necesidades. Esta Cuaresma nos invita a dejarnos transformar al igual que el ciego, estamos llamados a lavarnos en la piscina de nuestra conversión, permitiendo que Jesús transforme nuestra oscuridad en luz, Jesús busca al ciego expulsado.
El nos busca también a nosotros, especialmente cuando nos sentimos solos o incomprendidos para ofrecernos el don de la fe, el relato concluye
con lo que tendría que hacer esta cuaresma, reconocer al Señor como Dios, esta es la meta. Pasar del miedo a la luz, a la fe adorante, confiada y valiente.
Señor Jesús, luz del mundo, tú que no deseas la muerte del pecador sino
su conversión, te pedimos en esta cuaresma que nos libres de la ceguera de nuestro corazón, lavanos con tu gracia, sana nuestros miedos y prejuicios y abre nuestros ojos para reconocerte en los pobres y necesitados.
Queremos pasar de las tinieblas a la luz, adorarte con nuestra vida
y decirte sinceramente, creo, señor.
+José Armando Álvarez Cano,
Arzobispo de Morelia
quiMorelia





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