Homilía Domingo de Ramos - Ciclo A
- hace 20 horas
- 2 Min. de lectura
“Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”

Este pasaje que hemos escuchado del evangelio de San Mateo, narra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, evento que marca el inicio oficial de nuestra Semana Santa. El evangelista subraya que este evento es para que se cumpliera la profecía de Zacarías: "Mira tu Rey que viene a ti,
humilde, montado en una borrica". La elección de un burrito en lugar de un caballo de guerra define a Jesús como un rey de paz y no como un conquistador militar.
Extender los mantos y ramas de árboles eran gestos de entronización real y la victoria. El grito de hosanna, que originalmente significa sálvanos ahora, se convierte en una aclamación de júbilo dirigida al hijo de David.
Ante el revuelo, la ciudad pregunta quién es éste, la respuesta de la gente lo identifica como el profeta Jesús de Nazaret de Galilea, uniendo su origen humilde con su autoridad profética. Este domingo de Ramos nos enfrenta a una paradoja, la misma multitud que hoy grita o sana en estos días gritará ¡crucifícalo, crucifícalo! esto nos invita a reflexionar sobre la inconstancia de nuestra propia fe, tenemos que preguntarnos ¿a quién seguimos? ¿aclamamos a un Jesús que cumple nuestros deseos personales, un rey de éxito o a un Jesús humilde que nos llama a la cruz y al servicio?.
El triunfo de Jesús no es el aplauso popular, sino su obediencia al Padre para salvarnos, la Semana Santa es el camino de la entrega amorosa, no de la gloria humana. Jesús nos enseña que el verdadero poder recibe en la sencillez y el servicio y no en la imposición. Es fácil alabar a Dios cuando todo es celebración, pero el reto es seguirlo en el camino del Calvario.
Señor Jesús, hoy te recibimos en el Jerusalén de nuestro corazón con ramos de esperanza, te pedimos que nos concedas la gracia de la coherencia para que nuestras alabanzas de hoy se conviertan en actos de amor y de servicio mañana, que al verte entrar con humildad aprendamos a despojarnos de nuestra soberbia y a seguirte con valentía,
no solo en el triunfo, sino también al pie de la cruz. Amén.
+José Armando Álvarez Cano,
Arzobispo de Morelia





Comentarios