Santo Tomás Apóstol
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Santoral 3 de Julio

Santo Tomás, uno de los Doce Apóstoles elegidos por Jesucristo, es recordado por su sinceridad, valentía y profundo deseo de conocer la verdad. La Iglesia celebra su memoria el 3 de julio, fecha en la que antiguamente se conmemoraba el traslado de sus reliquias a la ciudad de Edesa. Es considerado patrono de los arquitectos, constructores, albañiles, topógrafos y geómetras, debido a una antigua tradición que lo presenta trabajando como arquitecto para un rey en la India, construyendo no un palacio terrenal, sino un “palacio en el cielo” mediante las obras de caridad.
Los Evangelios muestran a Tomás como un hombre de carácter firme y reflexivo. En una ocasión, cuando Jesús decidió regresar a Judea a pesar del peligro que corría, fue Tomás quien animó a los demás discípulos diciendo: «Vayamos también nosotros para morir con Él» (Jn 11,16). Estas palabras revelan su valentía y su profunda lealtad al Maestro.
Durante la Última Cena, cuando Jesús anunció que iba a preparar un lugar para sus discípulos, Tomás expresó con sencillez su dificultad para comprender:
«Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14,5).
Gracias a esta pregunta nació una de las revelaciones más importantes del Evangelio:
«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6).
El episodio más conocido de Santo Tomás ocurrió después de la Resurrección. Al no encontrarse con los demás discípulos cuando Jesús se apareció por primera vez, manifestó que no podía creer únicamente por el testimonio de otros:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el lugar de los clavos y mi mano en su costado, no creeré» (Jn 20,25).
Ocho días después, Jesús volvió a presentarse y, con infinita paciencia y misericordia, invitó a Tomás a tocar sus llagas. Entonces el apóstol pronunció una de las más bellas y profundas profesiones de fe de todo el Nuevo Testamento:
«¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,28).
A continuación, Jesús proclamó una bienaventuranza dirigida a todos los creyentes de todos los tiempos:
«Bienaventurados los que creen sin haber visto» (Jn 20,29).
Lejos de ser únicamente “el apóstol incrédulo”, Santo Tomás representa a quienes buscan sinceramente la verdad y permiten que el encuentro con Cristo transforme sus dudas en una fe firme y madura.
Después de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, la tradición de la Iglesia afirma que Tomás emprendió una extensa misión evangelizadora hacia Oriente. Se cree que anunció el Evangelio en Persia y llegó hasta la India, especialmente a la región de Malabar (actual estado de Kerala), donde fundó varias comunidades cristianas que han conservado la fe hasta nuestros días. Los llamados “Cristianos de Santo Tomás” mantienen viva esta tradición apostólica y constituyen una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo.
Según la tradición, Santo Tomás murió mártir alrededor del año 72, atravesado por una lanza mientras oraba. Por ello, en la iconografía cristiana suele representársele con una lanza, además de una escuadra o regla de arquitecto, símbolos de su martirio y de su patronazgo.
En el arte sagrado también es frecuente encontrar la escena en la que introduce su mano en el costado abierto de Cristo resucitado, imagen que recuerda el paso de la duda a la fe. Algunos escritos apócrifos, aunque no forman parte de la Revelación ni de la doctrina oficial de la Iglesia, narran que Santo Tomás fue el único apóstol que presenció milagrosamente la Asunción de la Santísima Virgen María, recibiendo de ella el cíngulo como señal de este acontecimiento.
La vida de Santo Tomás enseña que Dios no rechaza las preguntas sinceras del corazón humano. Al contrario, cuando la búsqueda nace del deseo auténtico de encontrar la verdad, Cristo mismo sale al encuentro y fortalece la fe. Su historia nos recuerda que creer no significa dejar de preguntarse, sino dejar que nuestras preguntas nos conduzcan al encuentro personal con el Señor Resucitado.
«¡Señor mío y Dios mío!» sigue siendo, hasta hoy, la oración de quienes reconocen a Cristo vivo y presente en medio de su Iglesia.
@ArquiMorelia







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